7 de enero de 2013

Insularismo de Antonio S. Pedreira


Insularismo de Antonio Pedreira es una gesta madura y decidida de acudir al alma de Puerto Rico y entender los badenes de nuestra cultura, para así desenmarañar las flaquezas y consecuciones de nuestra nacionalidad.

Pedreira cultiva un ensayo de singular espesor intelectual dirigido a la juventud universitaria. Su fluidez, precisión y estilo adjetivado, hacen de este escrito una radiografía imperativa para aquel que se empeñe en profundizar en el inconsciente colectivo de nuestro pueblo y conocer la personalidad puertorriqueña. Si trasplantamos la obra al Puerto Rico de hoy, su legado se explaya sin vigencia y arrebato algunos.

El dotado conocimiento que poseía, ilustraba y mostraba honorable dedicación al momento de alumbrar el panorama intelectual sobre la amplitud clara de su ideal de nación, la carencia de soberanía y noción urgida del carácter bipolar de nuestra arrastrada trayectoria política, elementos que hacen de esta obra una perla literaria y medular para conocer los ríos de nuestra sentido patrio. El escrito conduce y ofrece al lector los procesos necesarios para entender la disyuntiva histórica, sociocultural y económica por la que ha transitado nuestra isla.

El ensayo toma lugar en un Puerto Rico previo al "bautismo de la colonia"(1952). El planteamiento de nuestro problema produce un eco resonante en los cimientos de nuestra irresoluta condición política, describiéndola dicotómicamente, frente a frente como  histórica y fustigadora versus la otra, de orientación ideológica y dominante,  que nos mantiene cautivos de nuestra indecisión y servilismo.  

“…nacimos y crecimos en colonia y en colonia pensamos y actuamos esperando una patria por prescripción. Nuestra aguja vital ha oscilado siempre entre dos puntos extramurales: Madrid y Washington. A esa distancia no han tomado el pulso; de allá nos ha venido el recetario”. (p.139)

Esa última, le propicia a Pedreira un desasosiego en cuanto a la transformación atorrante de nuestra intimidad como pueblo ante la toma estratégica de una metrópolis totalmente opuesta a la anterior, causando en nuestra personalidad un trauma antagónico y corruptor en nuestros procederes. Le agrada el progreso en cuanto a civilidad, infraestructura y las libertades políticas que el puertorriqueño ahora posee con esta nueva metrópoli, pero hace clara distinción en que la problemática no radica en el brinco exponencial de civilización que adquirimos, sino en la estrechez y dejadez en nuestra cultura; Según afirma, “La civilización es horizontal; la cultura vertical”(pg.99).

 Le parece descarriado que el puertorriqueño ande desprovisto de un currículo educativo que lance al estudiante hacia una definida orientación (p.100). Ve un problema que el nuestros alumnos pierdan lo mejor de su días, en todos sus niveles,  por las fluctuaciones y carencias de un proyecto educativo coherente, produciendo individuos que al final de su tránsito por la academia, salen con una mella en el cerebro y sin internalizar el propósito vital de ella. Sólo reproduciendo destreza en mediocridad y delirio mental, careciendo de la profundidad necesaria para empujar una agencia cultural y cívica ancha que enriquezca el medio social.

Hasta el punto nuestro insularismo no ha dotado de un sentido ombliguista, y de una actitud aislante de solo mirar hacia una sola dirección, el norte;  dejándonos dentro de un mar de incertidumbre y renunciando a nuestra dimensión hispanoamericana y caribeña. Carentes nosotros  de un potencial universal de relaciones entre naciones hermanas y  de proyectos conjunto radicados en nuestra compartida realidad. Así también permanecemos aislados de aquellas corrientes intelectuales del mundo, que por cosmopolitas, proporcionan la materia gris para el ascenso de una comunidad que pueda penetrar en estas humanizadoras discusiones e integrarlas en nuestra agenda.

Es asi como Pedrería demanda disciplina, profundidad, intelectualidad en la juventud, en un llamado a edificar la conciencia  patria. Invitándonos a desarropar el corazón y mirar con método nuestros procederes, y definirnos no en paso bipolar, sino cardinal hacia un definición clara del camino a escoger. Añade, que hay que ser rigurosos con las responsabilidades como puertorriqueño y lograr en nosotros “el empuje hacia adelante de un escuadrón de honradas convicciones” (p.172), y exigirnos en nosotros mismo el conocer nuestro elixir para curar la yaga de nuestro insularismo y reivindicarnos en espíritu por lo que somos, puertorriqueños. 

 “La integridad de carácter no hace nadie sospechoso”. (p.182)



Edición utilizada:
Pedreira, A. S., & López-Baralt, M. (2001). Insularismo: Ensayos de interpretación puertorriqueña. San Juan, P.R: Editorial Plaza Mayor.

Gracias a mi colega universitario, Wilfredo J. Burgos por las recomendaciones hechas para esta entrada.


2 comentarios:

  1. Gracias por tu ilustrado resumen. Qué relevante es esta obra para nuestro país, especialmente en estos días tan grises.

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    1. Gracias por tu lectura. Ciertamente. Su lectura por mas criticada que sea por los y las literarias siempre es uno de esos puntos de partida.

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